Solomillo (Barcelona)

Solomillo representa la viva expresión del tributo a la carne. Un enclave único con una privilegiada ubicación en el corazón de la cosmopolita y bulliciosa Barcelona.

Acogido en el regazo del prestigioso Alexandra Hotel Curio Collection by Hilton, nuestro templo de la carne se emplaza entre dos grandes arterias de la ciudad: Paseo de Gracia y Rambla de Cataluña.

Los amantes del buen producto han encontrado en él un lugar de peregrinación. Un espacio en el que la libertad de decidir el gramaje, la procedencia de la carne, la raza, el punto de maduración y el método de cocción quedan únicamente relegados al comensal. Tanto es así, que el afortunado que deguste el corte por excelencia, el solomillo, podrá escoger todo -y es absolutamente todo- lo que rodea a la pieza.

Este innovador concepto nace de la mano de Enrique Valentí, chef cuya afamada creatividad y libertad conceptual catapulta a lo más alto y sin miramientos la forma de entender y concebir la gastronomía. Así, surge un espacio de culto a una de las partes más preciadas del vacuno: el solomillo.


Las razas, a la carta y ordenadas por intensidad de sabor

La carta se erige sobre cinco grandes razas, ordenadas exclusivamente por intensidad en sabor, más de veinte guarniciones y seis salsas. Salers, cherolesa, frisona -entre las más equilibradas en sabor-, rubia gallega y buey.  A la brasa o en steak tartar, preparado en mesa.

Manel Castelló, la mano al mando de los fogones y la sala, junto con Jorge Planas, Chef Ejecutivo, nos relata que el criterio que le lleva a seleccionar las diferentes razas surge de la búsqueda de grandes diferencias en aromas y sabores. Se perfila muy exigente con los cortes de solomillo que recibe. Tanto es así, que en no pocas ocasiones ha devuelto el producto si, tras catarlo junto al chef, las notas no resultan completamente acordes a sus gustos.

En Solomillo, templo que debe su nombre a la pieza a la que adula y venera, confieren el más alto valor a la calidad de sus cortes de carne. Una vez salen de las brasas, únicamente se concibe una forma de servirla: sola en el plato. La exquisita variedad de guarniciones -todas vegetarianas- y salsas que el comensal puede degustar, siempre se sirven a un lado: en cazuelitas, paellas, platillos… pero nunca en el mismo plato que la carne. No dejan margen para que unos sabores, más o menos intensos, puedan opacar el sabor del magistral corte.

Tampoco el chef deja escapar oportunidad alguna de incorporar a sus manjares culinarios productos de temporada. Fuera de carta es posible probar deliciosas opciones -para perder la cabeza- como setas de temporada, trufa rallada, o un suculento carpaccio de frisona con jengibre y lima preparado en mesa en los meses más cálidos del año. Meses en los que el restaurante y bar-charcutería -con una larga selección de ginebras y licores- cobran vida en la terraza, un acogedor patio interior, tan típico del Ensanche, donde vivir la auténtica experiencia culinaria del buen comer.